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martes, 26 de enero de 2010

Ensaladas


Seguro que más de uno de los que estáis ahí sentados habréis intentado pasar una semana cenando ensaladas con el firme propósito de perder los dos o tres kilos que os proporcionan la cerveza y la comida basura que os zampáis mientras veis al Barça ganar un título tras otro. Para conseguirlo procurar comprar dos o tres lechugas diferentes tipo; Romana, Trocadero, Hoja de Roble, Lollo Rosso, Batavia o Butterhead. E incluso Iceberg, aunque personalmente me parece horrorosa. También podéis ser más prácticos que económicos y comprar esas bolsitas ya preparadas que traen a los super. Aseguraros de que lleven rúcula.
Si optamos por comprar las lechugas enteras, pondremos dos o tres hojas de cada una y un buen puñado de rúcula para obtener la cama perfecta y que cualquier ingrediente (el queso, los tomates, la remolacha, la zanahoria, el pepino, el atún, la Krisia, el palmito o los espárragos), descanse en paz.
El aliño es fundamental. Mezclar tres partes de aceite de oliva por una de vinagre y poned una cucharada de yogur griego sin azúcar. Mezclar hasta que quede uniforme y conseguiréis una crema untuosa que os pedirá de rodillas que lo mezcléis con parmesano o queso de cabra, recula y pan frito. Pero esto es la base, no os paréis ahí. A esta primera receta le podéis añadir dos anchoas machacadas en el mortero y un poco de pollo, el vinagre de Módena y os prometo que no volveréis a pedir en el McDonalds una ensalada César en vuestra vida.
Otro aliño increíble es el que resulta de poner tres partes de aceite por una de mostaza (mejor que sea de grano) y una de miel. No ser cenutrios y probar la mezcla hasta dejarla a vuestro gusto. Seguramente un poco de vinagre mejorará el resultado. Esta ensalada duerme bien con uva, nueces y pasas. Variar la mostaza por lo que tengáis a mano o por lo que más os guste es la clave para llenar de sabor vuestros paladares.
Por último, una con salsa de soja, aceite de sésamo, ajo rallado, ralladura de limón y su jugo. Aquí podéis poner arroz con salmón, atún o Krisia. Pero no os detengáis tan pronto. Probad con orégano y mozzarela; con orejones y pasas, con fresas y gulas, con tomate y sandía; o con unos fritos de bolsa bien molidos. Esto último agregadlo con mesura, es adictivo.

viernes, 14 de agosto de 2009

Soufflé profesional



Hola de nuevo. Como sabréis más de uno, llevo un par de semanas acercándome al restaurante La Gran Taberna, en Murcia, para conocer de primera mano los entresijos de un cocina profesional con menú a la carta. Aunque todavía no he empezado a relataros mi experiencia culinara rodeado de profesionales del mundo de la gastronomía, pronto compartiré mis descubrimientos diarios, que no son pocos. De momento, y para abrir boca, tengo por aquí la foto del soufflé de melocotón que hice con la receta que generosamente me ha facilitado Miguel, no de los cuatro cocineros que pululan por el restaurante que. por otro lado, os recomiendo enfurecidamente. Lo hice de melocotón, tal y como sehace allí y aproveché las yemas con un tocino de cielo para cuatro. Lo del tocinito es una manera inmejorable de aprovechar las 15 yemas sobrantes del soufflé. UN ESPECTÁCULO.
Bueno, dependiendo del interés que suscite subiré las recetas de ambos postres.

miércoles, 21 de enero de 2009

kebabs


Hasta ahora, siempre que me apetecía comerme un kebab sabiendo exactamente lo que comía, iba a la carnicería a comprar pechugas de pollo, las troceaba y las salteaba con curry, pimienta, cayena y sal. Luego la mezclaba con una ensalada, salsa de yogur y queso y las introducía en una torta para tacos. Pero el otro día, una vez más, vi la luz al ver cómo el chef Jamie Oliver hacía sus kebabs caseros. La clave es comprar carne picada, no de esa preparada color amarillento, sino recién picada para ti. Pide al carnicero que te pase por la trituradora carne de cordero con una pechuga de pollo, o de cerdo, o de ternera, con un muslo de pollo deshuesado. Mezcla las carnes que más te gusten y no tengas miedo en pedir mucho, siempre puedes congelar la carne sobrante. Que te la pasen dos veces por la máquina para que se unifique bien. Ya en casa, prepara el accesorio de picar que tienen todas las batidoras e introduce los ingredientes que más te apetezcan. Yo puse un buen puñado de pistachos, ciruelas pasas (sin hueso), romero, comino, cayena, sal y pimienta. Pero puedes añadir jengibre, curry, orégano, menta, nueces, orejones, etc… La mezcla de todo triturado agrégala a la carne en la misma trituradora o ayudándote con un tenedor. Cuando lo tengas bien mezclado, haz varias salchichas gordas que te ocupen el largo de la torta de pita y mételas al horno en una bandeja durante unos 15 minutos a 190º. Pica cebolla muy fina y pon un poco dentro de la torta con la lechuga, el queso, la salsa de yogur y tu salchicha casera especiada y suculenta.
Para terminar, puedes acercarte a un puesto de Kebap para pedirle un poco de su salsa picante; el kebab lo agradecerá, y el cigarrillo de después, también.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Día de fútbol


Así lo llama el Adrià en uno de sus vídeos sobre cocina sencilla. "Día de fútbol". Se trata de las recetas de unos bocadillos bastante simples, pero muy bien combinados para esos días en los que vienen coleguillas a ver el fútbol. La mostaza en grano es muy fuerte, poner poco y agregarle al gusto. Además, tened en cuenta que ya venden guacamole preparado en el Mercadona, por lo que podéis darle un toque diferente sin pringaros demasiado.

Primera propuesta: Atún y mahonesa, jamón de York, mostaza en grano y cebollino. Mezclar el atún con la mahonesa, poner una loncha de york encima, pequeñas bolitas de mostaza y el cebollino.

Segunda propuesta: Aguacate, anchoas y cebolleta. Disponer por ese orden al gusto.

Por supuesto, el resultado final será mayor o menor dependiendo del pan que utilicéis. Calentarlo al horno y, ya que lo encendéis, meted unas patatas fritas bajas en calorías. Las descubrí ayer. Vienen congeladas y prefritas en aceite de girasol. Se terminan de hacer en el horno, y tienen un 40% menos de calorías, ya que no empapan aceite como cuando las freímos, y quedan de vicio.

Bueno, no me queda nada más que meter cerveza en el congelador y esperar que Messi salte al campo con la intención de dejar el ego del lateral izquierdo a la altura del que posee Kirk Van Houten .

lunes, 29 de septiembre de 2008

Apio


Pues ya estoy otra vez aquí. Sin mucho ánimo de continuar escribiendo en el blog, pero aquí al fin y al cabo. Desde la última entrada publicada he realizado diversas recetas, como podéis imaginar, pero el mayor descubrimiento gastronómico que he hecho es el del apio. Sí, sí, el apio. El corazón de esta hortaliza es uno de los sabores más sabrosos que me he encontrado en los últimos años; junto al queso de cabra, vinagre de Módena, la piel del pollo y del salmón a la brasa, la tónica sssuuuepppps y algún otro artículo de oriente. La primera vez que utilicé el apio, lo incluí en los rollitos de jamón cocido que relleno con espárragos, mahonesa y pimienta. Las ramitas del corazón de la hortaliza son más amarillentas que los tallos blancos del exterior y su sabor es más suave y delicado. Poco después lo agregué a ensaladas fileteado muy finamente (el resto de tallos del apio hay que aprovecharlos), y me dio la sensación de que el sabor fresco, un poco amargo y picantillo que tiene, junto con su textura crujiente y acuosa combinaba perfectamente con un contraste caliente, dulce y suave. Caramelicé cebolla y la agregué a una ensalada junto al protagonista de hoy. El resultado fue maravilloso. Desde entonces, siempre que encuentro apio, caramelizo cebolla y los agrego a cualquier cosa insípida que encuentro en mi frigorífico. Ayer, con brócoli y coliflor. Estoy maravillado.

Dentro de un tiempo, cuando mis ancianos vecinos de huerta vean la cantidad de apio que voy a plantar, confirmarán una de las dos teorías que les rondan por la cabeza cuando me ven pulular por mis posesiones: “Éste o es tonto o gilipollas”.

martes, 20 de mayo de 2008

Patatas


Llevo un mes buscando mi libro de recetas, pero no tengo suerte. Además, desde que le di el santo matrimonio a mi mujer no tengo a mi madre para echarle la culpa de mi puto desorden, y eso empeora las cosas.
Hoy quiero compartir tres o cuatro recetillas para hacer patatas de una forma diferente y al no tener mi libro tendré que hacerlo de cabeza. Vamos a ver si me acuerdo.
La primera (el riquitaun), es hacer patatas chips o comúnmente conocidas como de bolsa. Los secretos de las patatas fritas son dos; cortarlas muy muy finas, dejarlas en un bol con agua para que pierdan el almidón y meterlas en abundante aceite a alta temperatura. Para cortarlas utilizad una mandolina, a cuchillo tenéis que ser muy valientes y precisos. Preparad un plato con una servilleta de papel para sacarlas y escurrirlas cuando empiecen a dorarse. Poned bastante sal y si queréis darle un toque distinto, agregad un poquito de pimentón y un chorrito de vinagre por encima del plato antes de servirlas.

La segunda receta es parecida a la anterior. Tenéis que partir las patadas sin pelarlas en rodajas de medio centímetro. Ponedlas con un chorrito de aceite a fuego medio, sal y pimienta. Esta forma es la más parecida a hacerlas a la brasa, ya que llevan poco aceite. Creedme que son una buena sustitución a las patatas al horno, más rápidas y con un puntito que recuerda a las cantinas de los campos de fútbol. Acompañarlas con una salsa rosa (Mayonesa, ketchup, un poco de limón escurrido y una cucharadita de coñac).

La tercera forma de cocinarlas es al horno. Tenéis que pelarlas y cortar rodajas de un centímetro de grosor. Poned en una bandeja de horno aceite, grasa de pato (o cualquier otro tipo de grasa animal) aunque no es necesario, un vaso de vino blanco o cerveza y colocar las patatas. A continuación echarles por encima tomillo, romero, sal y pimienta y ponerlas en el horno a 150 ºC durante 40 minutos. Seguramente no se os pondrán tostaditas a esta temperatura, aunque ya estarán hechas. Subidle el fuego a 200 ºC y no perderlas de vista. Ni que decir tiene que las acompañéis con un buen mortero de ajo para restregar.


La última forma de hacer patatas es también al horno. Cortarlas como bastoncitos, como las que hacen vuestras madres en el asado de cordero. Poned agua a calentar y cuando hierva agregar las patatas durante cinco minutos. Escurrir y ponedlas al horno precalentado a 190 ºC en una bandeja con una cama de cebolla partida. Antes de meterlas, coged una botella de vinagre balsámico y rociar las patatas en abundancia. Tienen que quedar bien mojadas, aunque no inundadas. Cada 15 minutos, mover las patatas para que vayan absorbiendo el vinagre. Y a los 40 minutos, o cuando la cebolla empiece a estar más tierna, subir la temperatura a 200 ºC. No se os han quemado, es el vinagre balsámico caramelizado!!!!

lunes, 31 de marzo de 2008

Magret de pato, meter la pata


No hace mucho tiempo, pedir un muslo o pechuga de pato era exclusividad de los restaurantes orientales. Hoy en día, por desgracia, es raro el cocinero que no recoge en su carta alguna receta más o menos apetecible con estas materias primas, y presume de 'Plato exótico' ante los comensales. El muslo de pato lo suelen servir confitado (de ahí lo de confit) y la pechuga a la plancha, aunque esta última es conocida como magret. Recomiendo fervientemente el muslo de pato confitado que se encuentra en el MAKRO, ya que sólo hay que introducirlo al horno para que la piel quede crujiente, acompañarlo con unas rodajitas de quigüi y unas patatitas y salsear ligeramente con un jarabe de vinagre balsámico. El magret contiene una capa de grasa que en algunos casos hay que eliminar, aunque para empezar basta con hacerle cortes en la grasa para que el calor profundice más. Con el fuego medio y sin aceite, ponemos la pechuga por la parte blanca y cortada hacia abajo, para que la pechuga vaya soltando la grasa que poco a poco tenemos que ir retirando para que la carne no se cueza en su propio aceite. Cuando esté con un color tostado, damos la vuelta a la carne y terminamos de cocinar por la parte más carnosa. Digamos que del total del tiempo en la sartén, un 75 % se debe hacer por la parte de la grasa. Deja reposar y corta en finos filetes (como el pato a la pequinesa del chino). Debe quedar rosita por el centro y casa maravillosamente con alguna salsa de frambuesas o de vino dulce (Pedro Ximénez) y purés de castañas o patatas, o directamente en ensaladas templadas.

Todo esto viene porque este pasado sábado fui a cenar con mis sobrinos a uno de esos restaurantes de carne a la brasa y patatas a lo pobre, que tienen una jaula con bolas para que los más pequeños puedan meterse mano mientras se tiran por el tobogán. El local cumplía las expectativas en todos los sentidos: una decoración muy concreta con una clientela que no desentonaba, aunque en vez de pollo a la brasa ofrecía una gran variedad de pizzas, carnes de todo tipo y platos de pasta. El intrépido de mi cuñado pidió un magret de pato caramelizado; “qué es lo peor que puede pasar”, me dijo. Y yo, que soy más envidioso que tonto, o al revés, lo acompañé. El caramelo que cubría la pechuga se pegaba en los dientes, la parte de la grasa estaba totalmente cruda y, por lo tanto, la carne no estaba bien hecha y no se podía cortar. Un desastre, porque las pizzas estaban deliciosas.
Señores cocineros, no me jodan con sus inventos.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Un clásico

Lo que fue en su día una decepción en una pizzería de Murcia ha terminado siendo un clásico dentro de mis recetas más habituales. Recuerdo pedir un solomillo al foie, mientras que mi mujer pedía cualquier cosa con guindillas, pimientas y chiles de todo tipo. Al ver el plato que me trajeron, y por el que pagué unos catorce euros, entendí que la forma de hacer ese solomillo no era precisamente al foie, sino al foie-gras. Tras descubrir a trompicones los ingredientes de la salsa que cubrían el trozo de carne vacuna y despotricar del buitre del cocinero que inventó esta manera tan sencilla de mover el cash de los pobres comensales hacia su cuenta corriente, me largué a mi casa con la intención de intentar hacer dicha receta en la primera ocasión que me brindara el fin de semana. A día de hoy, ha evolucionado un poco, pero es una fórmula muy sencilla para dar de comer como Dios manda a ocho o diez personas.

Solomillo al foie-gras (de 8 a 10 personas)

Solomillos de cerdo (unos 150 gr. per capita).
2 puerros.
1 cebolleta.
Champiñones.
Una lata de paté de hígado de cerdo, pimienta, finas hierbas o de zumo de Gomibaya.
1/2 vaso de vino blanco.
1/2 vaso de caldo de carne (esto no es necesario).
Tomate triturado (al gusto).
1 tetrabrick de nata pequeño.


Corta el solomillo en medallones, dóralos y resérvalos. Sofríe el puerro, la cebolla y el champiñón. Añade el tomate triturado y espera a que empiece a quedar frito para acompañarlo con la lata de paté. A esta altura del cuento, si eres un poco espabilado, ya habrás abierto la botella de vino y te habrás soplado un par de vasos acompañados de unas almendras fritas y de unos trocitos de hueva de atún o de mújol. Lleva cuidado ¡que no se te pase ponerle medio vasillo a la comida!!! Pon la nata y muévela bien. Diez minutos antes de servir en los platos agrega el solomillo para que se cocine un rato dentro de la salsa. Compra bastante pan, lo vas a necesitar.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Verás qué vieiras

Llevo más de dos semanas buscando 25 vieiras congeladas para cocinarlas en Nochevieja, pero hasta ayer no he podido descansar. Tras probar diversos caminos, una compañera del trabajo me mostró el maravilloso paseo adoquinado de baldosas amarillas que desemboca en los grandes almacenes. Me prestó su tarjeta del makro, imprescindible para salir con compra y, con mis padres a lomos, fui en busca de la dichosa almeja. Me encuentro bastante inspirado por el restaurante Raga`s (ya hablaré de él) a la hora de decidirme por cómo hacer las vieiras, después de degustar sus tartaletas a la marinera con gulas y bechamel. Yo probaré a hacer lo siguiente: Salsa marinera (potenciada con caldo de mejillones), vieiras, gambas, palitos de cangrejo, bechamel, queso y gratinado. Todo dentro de las tartaletas que compré en el macro-supermercado, idénticas a las que presenta el Raga`s. Bueno, a mi cuñada Maricarmen no le pondré ni bechamel ni queso, si quiero llegar vivo al 2008.

Por otra parte, y cambiando de tercio, hoy me he encontrado que tras dos intentos fallidos, Abraham me ha contestado. Qué ilusión!!

pd.- Sí, efectivamente, he tenido la tentación de poner otra foto.

19. Por favor, ¿cómo harías unas vieiras gratinadas? Gracias, maestro.
Si rezumando frescura "falan galego", hoy la mayoría se expresan en el escocés de Conan Doyle,cubrirlas de bechamel sería una blasfemia que no le perdonaría el ecuestre apóstol. Más coherente se me antoja "gratinarlas" con pan recién rallado, una miaja de ajo y algo de perejil, para que simulen el verde, acariciante, paisaje de Rosalía: "Nou sé cuándo nos veremos". Calif: gratificante.

martes, 27 de noviembre de 2007

Abraham boca


Hace un tiempo que un amigo me recomendó leer una página de El Mundo en donde el cocinero Abraham García respondía de una forma muy singular y culta a las preguntas que la gente de a pie dejaba colgadas en la web. A pesar de que me gustó mucho, dejé la página olvidada como si de un juguete roto se tratase. Pero hace unas semanas, no recuerdo cómo, me topé otra vez con la página del satírico cocinero y retomé la lectura con la misma fuerza con la que un exfumador débil y depresivo cae por segunda vez en la tentación de soplar.
Leí de este genio una receta de alcachofas con pistachos que hice ayer y aquí os dejo de su puño y letra:

En poquito aceite, incluso si es del mío, dore poquito ajo, algo de escalonia y abundante cebolla. Reogue sobre lo anterior las alcachofas apenas liberadas de su último y más duro vestido y cortadas en cuartos. Moje el conjunto con un chorro de vermut seco o vino blanco, añada un puñado de pistachos peladitos y mejor cuanto más verde, más el necesario, la cantidad se la dictará su intuición, caldo blanco o agua. Perfúmelo con un toque de pimienta y un pellizco de nuez moscada y déjelo cocer no más de media hora. Tritúrelo con la turmix, compruebe la sazón y, presionando con un cacillo, páselo por su colador más fino. Puede, si le place, añadir algo de leche o mejor nata líquida. Y acompañarla en el momento de servir con lonchitas de jamón ibérico crujiente, achicharradas en el microondas. Gambas o langostinos peladitos y a la parrilla, o berberechos, ahora en su plenitud, abiertos al vapor.

Yo no puse nada de marisco ni jamón, ya que no recordé que llevase acompañamiento. En cambio puse a modo de picatostes cuatro o cinco frutos secos. Aquí os dejo el enlace para que os paséis de vez en cuando. No tiene desperdicio. Abraham García. Calif: Excelente

lunes, 8 de octubre de 2007

John con curry

Uno de los primeros platos que despertaron al oso gastronómico que llevo dentro fue el pollo al curry. Resulta que, eso de no ser un estudiante modelo ha hecho que multitud de profesores particulares hayan pasado por mi vida. El último que tuve me marcó personalmente desde el primer día en que lo conocí. Me refiero a John, un escocés afincado en Murcia con una mentalidad 20 años más adelantada que el resto de personas que conozco. John es el típico hombre al que le ocurren infinidad de anécdotas nada más salir a la calle. Es lo más parecido a “Bob el divertido”. Yo le decía bastante a menudo que parecía Cocodrilo Dandy, saludando a derecha e izquierda a todo el que se le cruzaba en el camino. Era muy gracioso verlo. Y aprendí muchísimo de él tanto académica como personalmente. Además cocinaba muy bien. Si con algo relaciono a John es con el pollo al curry, ya que tras dar clase de inglés, si se hacía tarde, siempre me invitaba a cenar (cosa que yo esperaba como un niño pequeño). Tenía una caja de madera con más de 50 especias indias que le enviaba su hermana a granee desde Londres. Hacíamos el curry cada vez de una manera, añadiendo multitud de especias entre risas y cerveza. Creo que a él le debo gran parte de mi pasión por la cocina, ya que por primera vez en mi vida entendí que cocinar podía ser divertido.

Ahí va la receta.

Pimiento verde y rojo, cebolla, pechugas de pollo, yogurt natural, comino, curry, pimienta, guindilla y arroz basmátic.

Mezclar el yogurt con el pollo troceado y el curry y dejar macerar durante un día. Se trocea la cebolla y el pimiento en trozos más o menos grandes. En una sartén con aceite se ponen las verduras con el comino y un poco de pimienta y guindilla. Cuando la verdura esté hecha se incorpora el pollo con el yogourt y se deja hasta que la salsa reduce y el pollo se cuece. Servir con un poco de arroz. Recuerdo que él ponía unas mermeladas en el centro de la mesa para poder contrarrestar el picante del plato.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Un dulce portugués


Cada vez que he estado en Portugal me he vuelto con multitud de elementos que han transformado mi vida. Un amigo, diez quilos de más, el principio de lo que será una calva deshonesta, un montón de asignaturas aprobadas y una receta de cocina son algunos de los más destacados. Los recuerdos, el amigo, las asignaturas, los kilos y la calva me los traje hace cinco años cuando estuve estudiando allí, pero la receta, que es de lo que vamos a hablar, la adquirí en este último viaje. Estuve ojeando un libro de recetas portuguesas en el que venían varios guisos y algunos postres tradicionales, pero como yo esos platos no los conocía, no los había comido, no me interesaron. En cambio, hay un postre llamado ‘natas’ que además de ser muy apetitoso, forma parte de mi vida en los dos periodos de tiempo que he pasado en Portugal. Pedí la receta y una amiga lusa me la proporcionó. Yo he hecho dos veces en mi vida dulces y me ha salido perfecto. Os la pongo:

Ingredientes:

Un litro de leche
Cinco cucharadas de azúcar
Tres cucharadas de harina maicena
Un bote de leche condensada
Una rama de canela
Una monda de limón
Una pizca de sal
Ocho yemas de huevo
Pasta quebrada

Preparación: Mezclar la harina y el azúcar con un poco de leche. Batir las yemas como para tortilla, mezclar con la leche condensada y el resto de la leche. Poner al fuego y añadir la harina con el azúcar, la ramita de canela y la monda de limón. A fuego lento, no dejar de mover hasta hacer una masa espesa y compacta. Retirar la canela y el limón y en los moldes para flanes colocar la pasta quebrada (no sube). Rellenar y poner un poco de canela por encima. 40 minutos al horno a 200 grados y…bualá!!!

miércoles, 1 de agosto de 2007

Triunfar sin pringar

Iba a explicar paso por paso los pasos que pasé para pasar un costillar de cerdo crudo en una pasada de costillar. Pero paso. Prefiero intentar que comprendáis las variedades que tiene la cocina en casa. Yo descubrí este plato al ver en televisión, como ya dije, un programa de cocina de un cocinero londinense (Oliver Twist) y de uno japonés u oriental (Wok). El primero hacía el costillar de cerdo restregando perejil, cilantro, jengibre, pimentón, orégano, alguna cosa más y mucho chile.

El segundo lo hacía poniendo en un cazo caldo de pollo, soja, ajo y miel (Una copa y media de caldo, 1/3 de soja, 4 dientes de ajo fileteado y una cucharada de miel). Ambos iban regando cada cierto tiempo el costillar por encima, para que éste no se resecara. Una hora en el horno a 170º C y..."bualá". Yo hice la mezcla japonesa para mi costillar, pero además, puse romero, tomillo y pimienta a la carne, antes de disponer todo el caldo preparado por encima de la pieza. Llevad cuidado con la sal, ya que la soja ya pone el punto de sal. Fui regando cada 20 minutos y en vez de una hora lo dejé hora y media a 150º C. Para que la carne se separe del hueso y quede tierna hay que dar mucho tiempo a poca temperatura. Si cuando llevas 1h 15’ ves que no está doradito por encima, subimos la temperatura un poco, aunque no os va a hacer falta. Cuando se cumpla el tiempo, para el horno y deja el costillar dentro, esperando a que los comensales terminen con el aperitivo o primer plato que has preparado. Seguidamente, sacamos a un cacillo todo el líquido que contenga la bandeja del costillar. Para esto es preferible que antes troceemos en seis partes la carne y la pongamos en una fuente. Una vez que tengamos el líquido en un cazo al fuego, preparamos una cucharadita de harina en un vaso con un poco de agua caliente-tibia, para que se disuelva la harina perfectamente. Después juntamos el vaso con la harina disuelta a nuestra salsa y ésta espesará a nuestro gusto. El arroz blanco es un buen acompañamiento, aunque podéis descongelar un par de bolsas de arroz tres delicias para no entreteneros demasiado. Hacedlo y veréis como el costillar que sirven en Del Gallo Blues no es tan interesante como parece.

jueves, 26 de julio de 2007

Esto está crudo


Muy de vez en cuando cojo el coche, a mi mujer y la tarjeta de crédito y me largo a darme un verdadero capricho yendo a cenar a un japonés. Normalmente, me acerco al que está a la espalda del hospital Morales Meseguer, que es el que mejor resultado me ha dado hasta la fecha. Tras haber ido un par de veces, decidí aprender a hacer algo de esta cocina tan elaborada y sabrosa, con el fin de ahorrarme unos durillos cuando me apeteciera pescadito con arroz. No es difícil, de verdad, lo que importa es coger el concepto, como diría el gran Pazos. El concepto, al igual que la elaboración de todas las comidas, es bien sencillo de pillar. Por ejemplo: la gran mayoría de salsas que acompañan la comida en el restaurante chino son a base de caldo de pescado con soja, por lo que teniendo un pimiento, unas zanahorias, una cebolla y unas pechugas de pollo, puedes comer un plato chino a cualquier hora del día. Pero aunque la cocina china está deliciosa, la de aquí, no la de allí, me parece del género tonto hacer en casa unos tallarines con gambas, teniendo a mano un teléfono para pedirlo al restaurante más cercano. El precio y la calidad de los restaurantes chinos hacen absurdo pringar la cocina para cocinar. El mundo del sushi es otra cosa. Yo hago sólo tres recetas de la comida japonesa. Suficientes, por otra parte, para cenar sin echar de menos las manos japonesas del cocinero del restaurante. Las recetas son arroz con pescado (atún rojo y de ijada y salmón), taquitos de pescado macerados en aceite de oliva y soja (receta de Adrià) y sushi maki. Esta noche viene mi hermano a cenar, y además de esto, voy a preparar unas costillitas de cerdo al horno. Precisamente vi esta semana dos recetas distintas de cómo preparar las costillas de cerdo, una a un japonés y otra a un londinense y las voy a combinar para darle un punto oriental-picante. Por cierto, ‘La casa de Xu’ es posiblemente el mejor restaurante chino de Murcia. Puntuación: Muy bueno